Un viaje en el tiempo por Alcalá de Henares: de la Roma imperial al Siglo de Oro
Menos de una hora de trayecto separa la capital de una de esas ciudades que parecen hechas para pasear despacio y con los ojos bien abiertos. Alcalá de Henares, distinguida por la Unesco con la declaración de Patrimonio Mundial, concentra en sus calles veinte siglos de historia: aquí nació Miguel de Cervantes y aquí se diseñó por primera vez un urbanismo pensado para acoger una universidad. Un legado así no se visita: se vive.
Empezar por el museo: 25 años custodiando el pasado
El punto de partida perfecto para cualquier ruta histórica es el Museo Arqueológico y Paleontológico de la Comunidad de Madrid. Sus equipos se encargan de conservar, restaurar, investigar y mostrar lo que las excavaciones han sacado a la luz por toda la región, y este año celebra nada menos que su 25 aniversario. Su recorrido permite entender la historia madrileña desde la Prehistoria hasta la actualidad, lo que lo convierte en una referencia imprescindible para vecinos y visitantes.
Complutum y la Casa de Hippolytus: la Alcalá romana
La experiencia continúa en Complutum, la ciudad romana de la que nació la Alcalá actual. Este parque arqueológico permite caminar entre los restos de una urbe relevante del Imperio y hacerse una idea de cómo se vivía aquí hace casi dos milenios. Muy cerca, la Casa de Hippolytus completa la visita con sus interesantes mosaicos y con los espacios donde se formaban los jóvenes de las familias más acomodadas.
Lo mejor del patrimonio alcalaíno es que no se queda en la contemplación. Hay talleres para familias y actividades divulgativas pensadas para todas las edades, y entre las citas del calendario brilla «Complutum Renacida», una recreación histórica que transforma la ciudad en un escenario romano con personajes de época, mercados y demostraciones del día a día de la antigüedad.
Monumentos que no puedes perderte
Más allá de la arqueología, el casco histórico es un auténtico muestrario de arquitectura. La visita obligada pasa por el Colegio Mayor de San Ildefonso y el Paraninfo de la Universidad de Alcalá, pero también por el Museo Casa Natal de Cervantes, la Plaza de Cervantes, la célebre Calle Mayor —considerada la calle doble porticada de mayor longitud de Europa— y la Catedral Magistral de los Santos Justo y Pastor.
La lista continúa con el Palacio de Laredo y su Museo Cisneriano, el histórico Corral de Comedias, el Palacio Arzobispal y el Centro de Interpretación Los Universos de Cervantes. Quien quiera profundizar puede seguir la ruta de la Alcalá medieval y sus murallas, entrar en el Monasterio de San Bernardo, acercarse a los conventos históricos o visitar el Hospital de Antezana y el Museo de la Medicina del Siglo de Oro. Para cerrar, el Museo de Arte Iberoamericano de la Universidad de Alcalá añade una mirada al otro lado del Atlántico.
Rematar la ruta con la gastronomía
Como toda buena escapada, esta termina en la mesa. Locales como La Hostería del Estudiante, Ambigú, Ki-jote o Kuoco ofrecen formas distintas de entender la cocina local, a las que se suma la arraigada cultura de la tapa de la ciudad. Y para el dulce, la repostería alcalaína es toda una institución: rosquillas de Alcalá, costradas y las almendras garrapiñadas que elaboran las Clarisas de San Diego.
Cómo organizar la visita
Planificar el día resulta muy sencillo: en la web de turismo de la ciudad hay guías oficiales para todos los gustos, y se puede llegar cómodamente en tren de Cercanías desde Madrid o, para quien busque algo diferente, subir al popular Tren de Cervantes y convertir el propio trayecto en parte de la experiencia.
Alcalá de Henares demuestra que una inmersión en la historia no exige grandes viajes. Entre ruinas romanas, aulas con siglos de saber y rincones cervantinos, la ciudad se perfila como un plan perfecto para descubrir —o redescubrir— un destino lleno de encanto.


