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Once años de acogida en Alcalá: la Casa San Juan Pablo II roza las 100.000 atenciones

La Casa de Acogida San Juan Pablo II de Alcalá de Henares atiende a casi 100.000 personas desde 2015: así trabaja y así puedes ayudar.

Un refugio silencioso en pleno centro de Alcalá

Muy cerca del casco histórico, detrás de la plaza de Cervantes y enfrente de la plaza de La Paloma, funciona desde 2015 un recurso que conviene que todos los vecinos de Alcalá de Henares conozcamos: la Casa de Acogida San Juan Pablo II. Este centro diocesano acompaña desde entonces a personas que se han quedado sin techo, y su directora, Mercedes del Amo, ha repasado su labor en el programa de radio El Espejo de la Diócesis de Alcalá de Henares. El balance es impactante: a lo largo de estos años han atendido a cerca de 100.000 personas, contando tanto a quienes duermen en la casa como a quienes acuden simplemente a comer o cenar.

A quién ayudan y cómo

El centro acoge sobre todo a gente que ha atravesado un mal momento: quien perdió su empleo, quien se quedó sin vivienda o quien ve cómo sus ingresos ya no llegan para lo básico. No son, según explica la dirección, personas que rechacen cualquier apoyo, sino todo lo contrario: gente que quiere dejar la calle detrás y busca un respaldo para rehacer su vida. El objetivo no se limita a cubrir necesidades inmediatas; se trabaja para resolver los problemas de fondo y facilitar el regreso al mundo laboral.

La casa cuenta con espacio para 18 personas, doce hombres y seis mujeres. La estancia es de pensión completa y la higiene diaria es obligatoria: nada más llegar por la noche, cada persona pasa por el baño antes de sentarse a cenar. Después queda un rato de ocio y llega la hora de dormir.

El día a día: de la casa al Centro San Diego

La jornada arranca temprano, a las siete de la mañana. Tras el aseo y el desayuno, los acogidos se trasladan al Centro San Diego, la continuación natural de este servicio. Allí los técnicos se encargan de la parte burocrática: documentos, currículum y todos los trámites necesarios para que cada cual pueda volver a una vida normalizada. Mientras tanto, la casa funciona como un hogar donde reciben comida, aseo y apoyo personal.

Un equipo formado solo por voluntarios

Una de las claves del proyecto es que no hay trabajadores asalariados: quien participa lo hace de forma desinteresada. Se organizan en equipos de seis u ocho personas que cubren turnos y, según la directora, nunca faltan manos nuevas, porque quien prueba esta experiencia repite y suele traer a alguien más. Aunque ahora mismo no necesitan incorporaciones, siempre reciben con agrado a quien quiera apuntarse.

Comida a domicilio para mayores con pensiones muy bajas

Este año el centro ha ampliado su radio de acción. Además de las personas sin hogar, apoya a ancianos, enfermos o personas con discapacidad que sí tienen un techo pero cobran pensiones muy ajustadas. A muchos de ellos no pueden alojarlos, pero sí les hacen llegar comida preparada a su domicilio, un gesto que muchos no pueden salir a buscar y que, de paso, deja muy satisfecho al propio equipo.

Dónde pedir ayuda

Si conoces a alguien que atraviesa apuros económicos o que está viviendo en la calle, puedes llevarlo directamente a la casa, donde se le hará una acogida de emergencia; al día siguiente pasará por San Diego para que los técnicos valoren su situación. También se llega por otras vías: a través de las parroquias, cuyos sacerdotes contactan con el centro; desde el Ayuntamiento, mediante el CAI (Centro de Atención Integral) o el PAS (Programa de Atención Social), que derivan personas cada mes; o incluso por la Policía, que en ocasiones traslada a alguien recogido en la vía pública.

Cómo colaborar

El centro se sostiene únicamente gracias a las aportaciones de la gente. Hay quien dona una cantidad pequeña cada mes mediante domiciliación, una fórmula que además permite desgravar en Hacienda, y hay empresas que contribuyen en momentos puntuales. Desde la casa insisten en que cualquier colaboración es poca, porque los gastos son muchos, y lanzan un mensaje al conjunto de la ciudad: el patrimonio de la humanidad también se demuestra cuidando a quienes peor lo pasan, y si todos arrimamos un poco el hombro, Alcalá sale ganando.

Quien quiera ser donante, ofrecerse como voluntario o simplemente conocer el proyecto puede acercarse a la propia casa o consultar su página web, donde le informarán de todas las opciones. Porque, como recuerdan desde el equipo, ayudar hace feliz.