EM&E: de taller familiar a gigante militar en Alcalá
En el corazón del polígono industrial de Alcalá de Henares, una empresa ha pasado de ser un pequeño taller de tornos a convertirse en una potencia estratégica para la defensa nacional. EM&E Group, que factura cerca de 500 millones de euros al año, fabrica torres de combate, sistemas ópticos y equipos de vigilancia que equipan a los ejércitos. Pero entre el ruido de las máquinas y el brillo del aluminio, surge una pregunta que cada vez preocupa más a los vecinos: ¿qué impacto tiene esta actividad en el medio ambiente?
Un salto impresionante
La historia de EM&E comenzó en 1989 como un negocio familiar. Hoy, sus instalaciones en Alcalá abarcan cinco edificios con más de 45.000 metros cuadrados, donde unas 300 máquinas de control numérico trabajan en varios turnos, asistidas por celdas robotizadas que cargan y descargan piezas sin descanso. Esta automatización permite una precisión de micras, esencial para componentes como el slip ring, el 'corazón' de los sistemas de torreta que permite girar 360 grados sin enredar los cables.
El aluminio es el material protagonista, ya que reduce el peso de las estaciones remotas montadas en vehículos o barcos. Cada kilo menos es crucial para la movilidad de estos equipos. Pero tanto mecanizado genera grandes cantidades de viruta metálica, un residuo que hay que gestionar.
¿Qué hace EM&E con los residuos?
La empresa asegura que recoge las virutas y las envía a gestores externos para su reciclaje. Además, cuenta con un sistema de gestión ambiental certificado según la norma ISO 14001 desde 2017, así como con certificaciones relacionadas con el GHG Protocol. Estas medidas son positivas, pero no ofrecen una imagen completa de su huella ambiental. No se han hecho públicos datos concretos sobre toneladas de viruta recuperadas, consumo eléctrico anual o emisiones por centro.
El reciclaje del aluminio es clave: producir aluminio reciclado consume solo un 5% de la energía necesaria para obtener el primario, según el Instituto Internacional del Aluminio. Sin embargo, no sabemos cuánto material reciclado vuelve a entrar en sus productos. La economía circular exige que el residuo se reintegre en la cadena, algo que aún no se ha detallado.
Crecimiento y sostenibilidad, un equilibrio difícil
EM&E ha anunciado una inversión de 50 millones de euros en una nueva planta de 42.000 metros cuadrados en Alovera, Guadalajara, que creará 300 empleos. Esta expansión es una oportunidad para incorporar tecnologías más limpias, como autoconsumo renovable o medición energética por procesos, pero el comunicado no especifica qué medidas ambientales se aplicarán.
La automatización y el aumento de producción reducen errores y mejoran la eficiencia, pero también incrementan el consumo energético. El reto está en que el crecimiento no vaya en detrimento del medio ambiente. La transparencia será fundamental: publicar datos verificables sobre su impacto permitirá a la comunidad evaluar si el progreso industrial es realmente sostenible.
En Alcalá, donde la industria convive con un patrimonio histórico único, es vital que las empresas apuesten por la innovación responsable. EM&E ha dado pasos en la buena dirección, pero aún queda camino por recorrer. La ciudadanía espera que el futuro de esta compañía combine el liderazgo tecnológico con el respeto al planeta.
Mientras tanto, desde aquí seguiremos atentos a cómo evoluciona este gigante industrial que, sin duda, pone a Alcalá en el mapa de la defensa europea.


