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El calor mata más baterías que el frío: consejos de un mecánico de Alcalá

Un mecánico con décadas de experiencia en Alcalá de Henares alerta: el calor daña más la batería del coche que el frío. Te contamos por qué y cómo prevenirlo.

El calor mata más baterías que el frío: consejos de un mecánico de Alcalá

En Alcalá de Henares, donde los veranos cada vez son más largos y calurosos, los conductores suelen preocuparse por cómo afectará el frío a sus coches en invierno. Pero según Luis Miguel García, mecánico con casi medio siglo de experiencia y dueño de Talleres Dagauto desde 1995, el verdadero enemigo de la batería no es el invierno, sino el calor del verano.

Un taller con historia y vocación de servicio

Luis Miguel lleva desde los 16 años entre motores y, junto a su mujer, puso en marcha su taller en Alcalá de Henares hace casi treinta años. Hoy, además de reparar coches, comparte su conocimiento con el público a través del proyecto A pie de taller, que desarrolla junto a su hija Lara, periodista. Su objetivo: traducir el lenguaje del taller al de la calle, para que los conductores entiendan mejor lo que pasa bajo el capó.

La batería: víctima silenciosa del verano

Es un mito muy extendido: creemos que la batería falla en invierno por el frío. Pero según García, el problema suele empezar meses antes. Las altas temperaturas aceleran el deterioro interno de la batería, reduciendo su vida útil. De hecho, fabricantes como VARTA señalan que por cada 10 °C por encima de los 25 °C, la duración de la batería puede reducirse a la mitad. Si el coche pasa el verano estacionado al sol, con el motor superando los 50 °C, la batería se desgasta mucho más rápido.

El calor pone a prueba todo el coche

No solo la batería sufre. El sistema de refrigeración también está bajo presión: radiadores, manguitos, bombas de agua y termostatos son más propensos a fallar con el calor. El aire acondicionado trabaja al límite, y los neumáticos, expuestos a un asfalto que puede superar los 60 °C, sufren un desgaste acelerado. Bridgestone y Moeve coinciden: la presión del aire en los neumáticos aumenta con la temperatura, y si no está bien regulada, el riesgo de rotura o fallo también crece.

Pequeños síntomas, grandes averías

García insiste en que el coche avisa antes de romperse: la temperatura del motor sube más de lo normal, el aire enfría menos, aparece un olor extraño o una fuga leve de líquido refrigerante. Si se ignoran estos signos, una reparación sencilla puede convertirse en una avería grave, como daños en la junta de culata o deformaciones del motor. Y las facturas, en esos casos, rara vez son pequeñas.

Verano de más asistencias y coches más viejos

Los datos lo confirman: las asistencias en carretera se han más que duplicado en verano en la última década. Casi el 40% de las averías estivales están relacionadas con el motor o la mecánica, y más de un tercio con baterías. Además, el parque automovilístico español envejece: la edad media supera los 14 años, y muchos vehículos ya tienen más de dos décadas. Coches viejos + veranos más calurosos = más riesgo.

La lección de Luis Miguel García es clara: no esperes a que el coche se pare. Revisa el nivel de líquidos, comprueba la presión de los neumáticos y presta atención a los pequeños síntomas. En Alcalá de Henares, donde muchos circulan a diario por la M-200 o la A-2, un mantenimiento preventivo puede ahorrarte más de un disgusto.